lunes 5 de julio de 2010

Más Subte.

Sub way

La manera de abajo.

En el subte, él tiene una reflexión consigo mismo.
Se sienta en el subte y está fumado y le encanta.
Todo es aventura y algunas cosas brillan más de la cuenta.
(Piensa también que quiere una toalla para secarse la felicidad).

Él piensa: Nunca voy a dejar de fumar marihuana.

Su otro yo le pregunta: ¿Sos adicto?

Él le responde: No, si quiero puedo dejarlo, pero no quiero.

Su otro yo reafirma: Por eso, sos adicto.

Él sigue aferrado a su postura: No, ser adicto es no poder dejar algo. Yo puedo dejarlo, pero no quiero.

Y todo esto reabre un nuevo planteo, la diferencia sustancial entre querer y poder.

querer1.

(Del lat. quaerĕre, tratar de obtener).


1. tr. Desear o apetecer.

2. tr. Amar, tener cariño, voluntad o inclinación a alguien o algo.

3. tr. Tener voluntad o determinación de ejecutar algo.

4. tr. Resolver, determinar.

5. tr. Pretender, intentar o procurar.



poder
1.

(Del lat. *potēre, formado según potes, etc.).


1. tr. Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.

2. tr. Tener facilidad, tiempo o lugar de hacer algo. U. m. con neg.

3. tr. coloq. Tener más fuerza que alguien, vencerle luchando cuerpo a cuerpo. Puedo A Roberto.
4. intr. Ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerle. En la discusión me puede. U. t. en sent. fig. Me pueden sus impertinencias.

5. intr. Ser contingente o posible que suceda algo.

MORF. U. solo en 3.ª pers. Puede que llueva mañana.


Y así parecierse que ambos verbos se rozan, casi que se encuentran pero no puedo negar que la expresión "Poder a Roberto" fue el mejor descubrimiento de toda esta cuestión.

martes 18 de mayo de 2010

el matiz

El hombre está fragmentado, dividido, dijo.
Y yo entendí.
Yo siempre entendí porque siempre estuve dividido. Desde que tengo memoria.
Y miro mi mano y se espeja, se desdobla. Se confunde con el todo y luego se arrepiente y vuelve a ser protagonista.
Están pasando muchas cosas y nadie las está viendo. Sólo yo, que tengo el don y la maldición de ver las cosas fragmentadas, disueltas e impolutas.
Están pasando muchas cosas y no sé qué hacer con ellas.
Eso me preocupa.
Y quiero vivir en el matiz.
En el MA-TIZ.
No quiero negros ni blancos pero ella me fuerza hacia ellos. Me maltrata y me grita y me hace sentir chiquito para volverme asible. Quiere encasillarme, quiere escribirme uno.
Pero no entiende que yo estoy fragmentado, dividido. Y que cuando me produce la divido a ella también en dos, en dos partes punzantes y dolorosas. Tan fresca y rozagante ella. Es dos ahora, y le duele. Yo me nutro de ese dolor. Quiero que todos se desdoblen conmigo para que vean las cosas como realmente son, fragmentadas y divididas. Y hacerlos a todos, vivir por siempre en el matiz.

domingo 25 de abril de 2010

Pechuga de pollo.

Volvían de la fiesta. El pub estaba bueno pero la luz rayoflash las había dejado mareadas.
Esperaban el colectivo y hacía frío. La noche había estado bien, no había estado mal, pero tampoco excelente. Un tres estrellas con pochoclos con sal.
De pronto dos chicos cruzan (si, dos, uno para cada una). Siguen cruzando y acercándose peligrosamente (guarda que la noche se puede transformar). Más se acercan, mejor se delinean, más buenos están (si, los dos, LOS DOS están muy buenos).
Se acercan y piden sedas. Ellas nunca tienen sedas, nunca. Siempre arman sus porros con pedazos de papel, cigarros viejos, retazos de tela y hambre de cogollo. Pero esta vez, esta única vez, tienen una seda, una única seda arrugada y viejecita, pero útil y seda al fin. "Buenísimo, gracias", dice uno de los dos chabones, que más de cerca estaba todavía más bueno que de lejos. "¿Quieren fumar con nosotros?", les pregunta el chabon, "Tengo flor". Y saca una flor con un olor a hierba pura y nueva tremendísimo. "No, gracias, tengo asma" responde una. Y le empieza a contar en detalle sobre su más reciente ataque del día anterior. "Dale, copensen", insiste el otro. "No, gracias, estamos esperando el colectivo para volver." Los chabones se alzan de hombros, se despiden con cordial saludo cachetero, y siguen caminando. Ambas suben al colectivo y mientras encaran el primer escalón se miran extrañadas:

-¿Qué carajo fue eso? "TENGO ASMA????? TENGO ASMA??!!?!!!!" ¿Vos viste lo que eran esos chabones?
- Jaja, si, estaban bárbaros los dos. A mi me gustó el del arito.
- A mi el otro. No lo puedo creer. Encima nos gustó uno diferente. Ni siquiera hubiese sido necesario pelear. UNO PARA CADA UNA. ¡Era perfecto!
-Era, vos lo dijiste muy bien, era porque vos "tenías asma" y yo "tengo que volverme a mi casa"
- Jaja, les dije que tenía asma. Le expliqué al chabón el ataque de mi día anterior.... jajajajja
- Y yo les dije que tenía que volver a mi casa, no tengo nada que hacer en mi casa, nada, sólo me resta bajarme el pollo a la mostaza que quedó en la heladera. ¿Encima viste el faso que pegaron? ¿Viste como olía?
- Pufff, alto faso, lindos chabones, linda noche. Y nosotras acá... Encima somos dos, DOS, y ninguna pudo levantar la situación, fue como si nos retroalimentasemos la una a la otra aspirando al premio de la mansa boluda del mes.
- Jajajaja, si, tremendo. Somos tremendas. Nos quejamos todo el día de la soledad y de la falta de buena marihuana, y cuando se nos presenta la situación completita, completita en bandeja de oro lo mejor que tenemos para decir es que tenemos asma y urgencia de irnos a dormir!
- Si, sin palabras. Hoy me bajo todo el pollo, no te quepa duda alguna que me bajo todo el pollo. Muslo y pechuga incluidos.

lunes 19 de abril de 2010

Dana says

dana dice:
deberia tomar estas sensaciones y moldearlas creativamente en forma de arte
pero me surge CHATEAR

lunes 5 de abril de 2010

Me vendí

Tiré la toalla. Cada tanto la vuelvo a agarrar pero desde otro lado, desde la puntita. No la agarro toda entera con la mano. Le agarro con asquito la puntita.
Y ahora ya ni siquiera. Está ahí tirada en el suelo.
Me cansé de buscar en las sonrisas, en las baldozas y en los pisapapeles. Me cansé de meterme adentro como un ovillo, hacerme bolita y abrazar a mi perro/oso como si tuviese cuatro años.
Me cansé de limpiar raspones, de lamer heridas, de sanar con sandwichitos. Ya no quiero más olores, ni sabores, ni suspensores. Cerramos con candado y no abrimos nunca más. Ya la gente no me mirará extrañada cuando cante por la vía pública cual loca descocada. Ya no hay por qué cantar. No creo en el sol, es sólo una bola fea pintada. Ni en las caricias, que sólo buscan ocupar la mano con algo. Rozar piel para sentir otra cosa pero no para dar.
Ya no creo en dar.
Cuando la gente me diga que eso no pasa, yo les diré, es cierto, eso no pasa. Ya no verán mi energía exhultante ni me preguntarán por qué sonrio. Ya no hay por qué sonreir.
Me volví mujer gris, me quitaron las flores que crecen cada una hora dentro mío. Me las sacaron y las pusieron en una heladera, están ahí congeladas para que algún loco se las fume.
Y lo peor es que yo asiento y acepto, y les digo que el paquete de 5 flores, cuesta 50 pesos.

domingo 28 de marzo de 2010

preocupada

Ella me dice: "Esa no es una preocupación válida."

Yo no puedo evitar preguntarme QUIÉN VALIDIZA LAS PREOCUPACIONES.

martes 23 de marzo de 2010

Un par de veces soñé que me perseguían.
Yo miraba a través de la persiana y había un auto, unos chabones.
Estabamos en un sótano, eramos los del colegio y un par más.
Yo empezaba a correr, había una pradera, estaba con mi hermano y le agarraba muy fuerte la mano. Después se disparaban bombas de pintura y los mataban a todos con verde, azul, rojo y naranja flúor. Mi hermano y yo nos escapabamos y yo no le soltaba nunca la mano. Nunca.
Después, y así de sopetón, me transformaba en pez y me perseguía otro pez, un pez Hitler con bigotes ( era gordito y azul). Yo me escondía en un cofre vacío ( sin ningún tipo de oro judío) y él pasaba sacado con las cejas entrecerradas pero no me veía. De imprevisto, daba la vuelta y parecía olerme......
Pero por suerte me despierto y recuerdo que no. Que nadie me persigue por ahora. Que puedo leer tranquila y husmear tranquila y preguntarlo todo tranquila como la pendeja insoportable y curiosa que siempre fui.
Una vez hablábamos de Marx muy fuerte por la vereda con Carla Gustina. Un señor ya grande se detiene, nos mira y nos dice: "Hace treinta años te mataban por eso." No pude hacer otra cosa más que estremecerme.
Siempre que llega esta fecha siento un poco de escozor y una tristeza tremenda, casi indescriptible. De que estas cosas hayan pasado, de que sigan pasando, de las injusticias, de la gente perseguida, callada, dormida, silenciada.
Me dan pena mis viejos y toda su generación. Las mierdas que tuvieron que vivir siendo unos pebetes y temiéndolo todo. Y yo acá, tan tranquila....

Y eso nos queda, lo tenemos pegado, estampado. Hay resabios de eso... resabios que nunca se van. Y hay algunos que no deben irse tampoco. Porque por sobre todo, por mucho que duela y pese, nunca, nunca, nunca hay que olvidar.